Wednesday, May 15, 2013

Delirium



Read definitely takes us back to times and places that we have not known. Read to someone else is another pleasure that I did not know but I'm starting to enjoy. This excerpt is from the novel Delirium by Laura Restrepo, colombian writer and journalist. The EPdLP portal (The power of the word) says "The work of Laura Restrepo is the fascination about a world and beings and their circumstances. Fascination in the act of listening to people endowed with an extraordinary ability to tell their tragedies without pathos. a singular amalgam of journalistic investigation and literary creation, which makes reading a pleasure unquestionable. I confess that I have not read anything about Laura Restrepo, but it worth a try.

This is the new tunnel on the way to Barrancabermeja, is about 1 km long and is part of the new dam of Hidrosogamoso.

I KNEW SOMETHING irreparable had happened the moment a man opened the door to that hotel room and I saw my wife sitting at the far end of the room, looking out the window in the strangest way. I’d just returned from a short trip, four days away on business, and I swear that Agustina was fine when I left, I swear nothing odd was going on, or at least nothing out of the ordinary, certainly nothing to suggest what would happen to her while I was gone, except for her own premonitions, of course, but how was I to believe her when Agustina is always predicting some catastrophe; I’ve tried everything to make her see reason, but she won’t be swayed, insisting that ever since she was little she’s had what she calls the gift of sight, or the ability to see the future, and God only knows the trouble that’s caused us.

This time, as usual, my Agustina predicted that something would go wrong, and once again, I ignored her prediction; I went away on a Wednesday, leaving her painting the apartment walls green, and on Sunday, when I returned, I found her in a hotel in the north of the city, transformed into someone terrified and terrifying, a being I barely recognized. I haven’t been able to find out what happened to her while I was gone because when I ask she turns on me, it’s incredible how fierce she can be when she’s upset, she treats me as if I'm not me and she’s not who she used to be, or at least that’s how I try to explain it, and if I can’t it’s because I don’t understand it myself. The woman I love is lost inside her own head and for fourteen days now I’ve been searching for her, wearing myself out trying to find her, but it’s excruciating and impossibly difficult; it’s as if Agustina were living on a plane parallel to reality, close but just out of reach, as if she were speaking a strange language that I vaguely recognize but can’t quite comprehend. My wife’s unhinged mind is a dog snapping at me, but at the same time its barking is a call for help, a call to which I’m unable to respond; Agustina is a hurt and starving dog who wants to go home but can’t, and the next minute she’s a stray dog who can’t even remember it once had a home.



Leer definitivamente nos transporta a épocas y lugares que no hemos conocido. Leerle a otra persona es otro placer que yo no conocía pero que empiezo a disfrutar. Este fragmento es de la novela Delirio de Laura Restrepo, escritora y periodista colombiana de quien el portal EPdLP (El poder de la palabra) dice “La obra de Laura Restrepo es la fascinación por un mundo y por unos seres y sus circunstancias. Fascinación en el acto de escuchar a personas dotadas de una extraordinaria capacidad de contar sus tragedias sin patetismo. Una singular amalgama entre investigación periodística y creación literaria, que convierte su lectura en un incuestionable placer. Yo confieso que no he leído nada de Laura Restrepo, pero vale la pena intentarlo.

Este es el nuevo túnel en la vía a Barrancabermeja, tiene aproximadamente 1 km de recorrido y hace parte de la nueva repesa de Hidrosogamoso.

"Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, sólo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien. Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre anda pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y sólo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha trastornado nuestras vidas. Esta vez, como todas, mi Agustina pronosticó que algo saldría mal y yo, como siempre, pasé por alto su pronóstico; me fui de la ciudad un miércoles, la dejé pintando de verde las paredes del apartamento y el domingo siguiente, a mi regreso, la encontré en un hotel, al norte de la ciudad, transformada en un ser aterrado y aterrador al que apenas reconozco. No he podido saber qué le sucedió durante mi ausencia porque si se lo pregunto me insulta, hay que ver cuán feroz puede llegar a ser cuando se exalta, me trata como si yo ya no fuera yo ni ella fuera ella, intenta explicar Aguilar y si no puede es porque él mismo no lo comprende; La mujer que amo se ha perdido dentro de su propia cabeza, hace ya catorce días que la ando buscando y me va la vida en encontrarla pero la cosa es difícil, es angustiosa a morir y jodidamente difícil; es como si Agustina habitara en un plano paralelo al real, cercano pero inabordable, es como si hablara en una lengua extranjera que Aguilar vagamente reconoce pero que no logra comprender. La trastornada razón de mi mujer es un perro que me tira tarascadas pero que al mismo tiempo me envía en sus ladridos un llamado de auxilio que no atino a responder; Agustina es un perro famélico y malherido que quisiera volver a casa y no lo logra, y al minuto siguiente es un perro vagabundo que ni siquiera recuerda que alguna vez tuvo casa. "
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