Sunday, August 3, 2014

Alina


Así podría llamarse la niña en esta foto, afortunadamente no, a ella la vida le sonríe, disfruta atendiendo un puesto de productos típicos que abre los domingos en la plaza principal de Zapatoca, donde tomé esta foto. La vida de la verdadera Alina es diferente, no esta a su favor, por ahora.

Niños cruzando por campos desolados, sed y hambre, solos, sin sus padres. Atravesando ríos, sometidos a vejámenes de todo tipo y en muchos casos, muertos. Niñas violadas por sus guías, los tristemente famosos coyotes. ¿Es acaso ficción? ¿Una mala película de terror que nos quiere hacer pasar un mal momento? No.

Hace muchos años mi papá encontró en el centro de la ciudad un niño en la calle, con hambre, su ropa sucia. Por causa de sus escasos 4 años no alcanzó ir al baño a hacer sus necesidades, y el papá, que lo cuidaba, decidió pegarle con una sandalia -las marcas eran evidentes en sus piernas- y le ordenó irse para su casa solo, como un castigo ejemplarizante, de machos, por supuesto, estos no se hacen en los pantalones. Nuestras taras ancestrales de machismo. Todo esto se supo después, con la llegada de la mamá, luego que en mi casa decidieran llamar a una emisora popular para anunciar que había un niño perdido. Mis papas lo bañaron, le pusieron ropa limpia y esperaron hasta que alguien comprobó su paternidad y lo llevo de vuelta a su hogar (?), no sabemos cuál fue el final de esta historia, pero confiamos en que este evento haya hecho reaccionar a sus padres sobre el maltrato y las cosas hayan ido mejor para este muchachito.

Pero las costumbres no han cambiado, se sigue maltratando física y verbalmente a niños y mujeres con los cuales la humanidad ha sido especialmente cruel, como en la historia de Alina, donde se unen su carácter infantil y su condición femenina. 

Hondureña, de origen humilde, con tan solo 14 años de vida ha sido abusada sexualmente en dos oportunidades y ya es madre, como consecuencia de su última violación. Los maras, pandillas feroces de Centroamérica, asolan la región sembrando el pánico en sus habitantes generando una de los mayores desplazamientos, quizás  único en la historia, de niños en solitario. Su destino, la frontera al norte del rio Bravo, con la esperanza de recibir la condición de refugiados y reencontrarse con los brazos protectores de sus madres que se han adelantado en el viaje.

A diferencia de otros ilegales que ingresan a los EEUU, estos valientes críos, llevan memorizado el teléfono de sus padres o familiares que ya están en el país del norte, el país del sueño americano o al menos eso creen ellos en ese momento. No temen a la odiada “migra”, la policía fronteriza norteamericana, por el contrario, los buscan y se entregan para poder estar rápidamente en su nuevo hogar. Estos niños no deberían estar sacrificando su inocencia, exponiendo su vida, desplazándose a un país lejano que siempre los va a tratar como extraños, dejando sus tradiciones y costumbres para siempre.

Desde octubre del año pasado han sido más de 57.000 niños los que han buscado protección con las autoridades norteamericanas, que están obligadas por una ley, impuesta por el presidente George W. Bush en 2008, a escuchar los argumentos de los inmigrantes y así, afortunadamente, evitan la deportación inmediata.

La historia de Alina aún no termina, su hija nació en un hospital norteamericano, luego de entregarse a las autoridades, y ahora espera la decisión de una juez que soltó un suspiro de desesperanza al saber que se trataba de una madre violada de 14 años. Le dio un mes y medio de plazo para encontrar un abogado. Por ahora permanece al lado de su mamá quien dejo 5 hijos en Honduras con sus abuelos, para trabajar limpiando casas en Texas y poder enviar dinero a casa. 

Miremos a nuestro alrededor, no se trata de ser valientes, se trata de ser humanos, debemos denunciar los hechos de violencia contra niños y mujeres, no debemos permitir que el maltrato infantil y a la mujer pase y siga pasando impunemente. Que las niñas como Alina pasen su niñez jugando con muñecas, estudiando y forjando su futuro, no luchando contra su arrasador presente. No lo merecen.

Sunday, July 20, 2014

Un café


Dos palabras, una excusa para hablar y escuchar a los amigos, viejos compañeros del barrio, del colegio. Aquellos con los que no había más interés que ir a jugar y divertirnos. Pasé esos años en un barrio tranquilo, saliendo a paseos, fiestas, películas, juegos en la calle de toda clase –ponchados, escondite, etc.-. La televisión era muy poca, recuerdo que había solo dos canales, la cadena Uno y, por supuesto, la cadena Dos (muy creativos en esa época), así que las horas frente a este aparato eran pocas y el tiempo se pasaba mejor, al menos corríamos más. El color en la T.V. estaba llegando hasta ese momento y el primer aparato en mi casa que lo transmitía fue un Zenith, comprado por mi papá para ver a todo color la transmisión de los Oscar de ese año. El control remoto era una opción, los había sin y con ese aparatico, claro que no había problema, con cinco hijos el T.V. obedecía a órdenes verbales y sin chistar (mejor que SIRI, seguro). Ver una película en Betamax, la primera tecnología en llegar a las casas, era un programa especial. Primero, conseguir el permiso con los papas de la casa donde ya lo tenían, luego ponernos de acuerdo con la película y después en grupo ir a alquilarla a Betamax Terrazas, donde Danny, su propietario, que hacía las veces del IMBD de hoy, una completa base de datos de actores, directores y cintas, con comentarios y recomendaciones personales, siempre acertadas.

El mundo era más básico, las comunicaciones eran directas, el teléfono era un servicio costoso y ni pensar en plan ilimitado o algo parecido. Cobraban los impulsos, que creo eran cada tres minutos, y eso lo hacía caro cuando alguno o todos en la casa tenían amigos y amigas que llamar. Lo más cercano a un inalámbrico era un cable de al menos diez metros que nos facilitaba escondernos para hablar sin ser vistos.

¿La vida era mejor antes?, menos complicada quizás, si la miramos desde la ventana de nuestra vida como es hoy, pero todo tiempo tiene su afán, sus buenas y malas cosas. Hoy miramos con nostalgia esos días como usando un filtro color rosa, vemos positivo no depender de la tecnología actual, pero si damos un buen manejo a las herramientas modernas y apreciamos la facilidad con la que nos comunicamos superando cualquier distancia, como la oportunidad de quienes tienen sus hijos o nietos en el exterior de verlos todos los días en vivo y en directo y ¡sin ningún costo!, nos hace revaluar ese dicho popular que nos deja anclados en los años que se fueron y dice que todo tiempo pasado fue mejor, seguro que sí, tenemos buenos recuerdos (y claro que malos también), pero debemos apreciar lo que hoy vivimos, usemos el Facebook, escribamos por el whatsapp, pero no olvidemos lo agradable que es sentarse bajo la sombrilla de una mesa a tomarse un fragante café, a escuchar, y que nos escuche un viejo amigo, antes que no podamos volverlo a ver nunca más. Recordemos la publicidad de una marca de café nacional, "Tomémonos un tinto, seamos amigos", así sea en Starbucks, todo vale, pero eso si, ¡sin hacer cola!. Aunque prefiero un lugar como el de la foto, donde el café es cosechado y vendido por su dueño y nos atiende con agrado (Mercado Campesino de La Mesa de Los Santos).


Sunday, July 6, 2014

La Felicidad


En un mundo digital donde las bibliotecas físicas van quedando en el olvido, lo usual es iniciar una investigación escribiendo la palabra clave en Google. Esta vez decidí preguntar al gurú por la felicidad, esquiva para muchos y la cual perseguimos a lo largo de la vida. Los primeros resultados me llevan a la oferta de una congregación religiosa, un condominio en Bogotá y la noticia de la creación de una calle en La Paz para que "sus habitantes sean más dichosos". Bueno al menos los bolivianos ya encontraron la fórmula para obtener el gozo perpetuo.

El pragmatismo de los estadounidenses los llevó a incluirla como un derecho fundamental, inalienable, en su Declaración de Independencia, con la misma importancia que la vida y la libertad. Algunas veces confundimos la felicidad con la codicia, entonces terminan miles de personas inmersas en un mar de lágrimas al ver que el negocio que creían les iba a garantizar la tan buscada dicha, era una pirámide, como acaba de pasar con Telexfree, que con una “pequeña” inversión inicial y diez minutos diarios en el computador, tenían su vida solucionada, una pirámide de codicia, una forma equivocada de encontrar la felicidad, por supuesto.

Pero, ¿tenemos derecho a la felicidad? Seguro que sí, la vida no es perfecta, tomamos decisiones y algunas pueden parecer equivocadas al verlas desde la perspectiva actual, pero se tomaron y hay que seguir adelante, apreciar lo que hoy tenemos, recordar con cariño los que ya se fueron y estar seguros que hay un mundo entero por descubrir. Dejar que las heridas sanen y agradecer al universo lo que hemos vivido. Afortunadamente, quizás como una forma de supervivencia social, filtramos el pasado y van quedando los buenos momentos, lo que vale la pena conservar. La clave puede estar en nuestra actitud mental, cuanto más calma haya en nuestra mente, mayor será nuestra posibilidad de tener una vida feliz.

Finalmente la risa, el remedio infalible, como decía la sección de chistes de la revista Selecciones del Reader's Digest, es un buen camino para encontrar esa actitud mental que nos lleve a la felicidad, pero claro, no la del comediante norteamericano Groucho Marx, o si, nunca se sabe:


"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…"

Sunday, June 15, 2014

Relatividad


“Cuenta las estrellas del Universo, multiplícalas por el infinito y sabrás cuanto te amo”

Encontré este grafiti en la pared del restaurante de los Badillo en Zapatoca, un buen lugar para degustar la cocina típica santandereana y escuchar la hermosa música colombiana interpretada por los hermanos Quintero Badillo.

Precisamente, a uno de los artistas que más ha contribuido a las canciones de enamorados, el mexicano Agustín Lara, se le atribuyen estas palabras en defensa de tan afectados discursos: “Soy ridículamente cursi y me encanta serlo, porque la mía es una sinceridad que otros rehúyen, ridículamente. Cualquiera que es romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia". Y miren quien lo dice, el creador de bellas canciones como María Bonita, Piensa en mí o Mujer Divina (bueno los nombres de las canciones ya muestran su inclinación), las cuales han grabado cientos de artistas, como en uno de los trabajos más recientes de Natalia LaFourcade, en su álbum Mujer Divina, un homenaje a Lara visto desde una óptica moderna, gran orquestación, acompañada de conocidas voces y unos arreglos que enamoran, por decirlo en palabras más concisas.

Leo con frecuencia El Blog de Matina, monteriana residente en Brasil, y sus narraciones siempre tienen algo que decir, una historia que contar. Las refuerza con comentarios de libros, películas, y canciones, recomendaciones que siempre valen la pena seguir. Precisamente hace unos días publicó una entrada llamada Sensibilidad, donde resalta esa cualidad del alma que nos acompaña a todos, pero que solo algunos permiten que emerja de su ser, mostrándose sin temor a ser acusado de cursi por decir unas bellas palabras, dedicar una canción de Lara o decirle a quien se ama, como bien lo expresa Benedetti:



“si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos”

Todo es relativo, no solo en la ciencia como lo dice Einstein, hasta el comportamiento humano lo es y por esto debemos evitar los prejuicios y las acusaciones sin fundamento. Cursis, pueden parecerle estas palabras a aquel personaje en “La canción de la abuela” de Piero, ese tipo que nunca se reía y al final, como dice la letra “lo internaron hace quince días”; seguro que no fue por una gripe. Sublimes, dirá quien está enamorado de la vida. Relatividad, eso es todo.

Saturday, June 7, 2014

Buddy


¡Vamos! Parece decir este labrador en la playa de Palomino, sobre el mar caribe de La Guajira. Esta foto la tomé a las 5:42 a.m. y hacia parte de un gran grupo de canes que caminaban por la playa vagabundeando, quizás buscando algún preciado tesoro que comer o simplemente dándose un paseíto, ¿por qué no?

Dicen que los perros son el mejor amigo del hombre, lo han dicho todos, pero no lo creo. ¿No es mejor acaso, un buen hombre o mujer con quien conversar, a quien escuchar o que nos escuche? Ayer lo sentí nuevamente, un grupo de buenos amigos acompañando a uno de ellos en su presentación artística, celebrando, disfrutando de bellos momentos que solo se obtienen cuando el afecto es sincero, sin más interés que el de estar ahí, caminando juntos. También lo pude apreciar muy bien, con la reciente muerte de mi papá, y las visitas de sus amigos de la niñez, de hace 70 años o más (tenía 80 al morir), o de otros más recientes que se sentaban a escuchar sus tesis sobre la violencia en algunos libros del antiguo testamento. Todo esto me confirma que el mejor amigo del hombre no es el perro, es aquel que permanece cerca a través de los años, que acompaña en los logros y en las desdichas, el que no juzga sin argumentos. Anoche vi la muerte cerca, no la “muerte muerte” tranquilos, se trataba de una actriz representando a La Catrina, la de los mexicanos, pero también vi a un buen grupo de amigos muy unidos y pensé que así la muerte debe ser linda, como la artista que la representó con tanta gracia. 

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