Sunday, July 20, 2014

Un café


Dos palabras, una excusa para hablar y escuchar a los amigos, viejos compañeros del barrio, del colegio. Aquellos con los que no había más interés que ir a jugar y divertirnos. Pasé esos años en un barrio tranquilo, saliendo a paseos, fiestas, películas, juegos en la calle de toda clase –ponchados, escondite, etc.-. La televisión era muy poca, recuerdo que había solo dos canales, la cadena Uno y, por supuesto, la cadena Dos (muy creativos en esa época), así que las horas frente a este aparato eran pocas y el tiempo se pasaba mejor, al menos corríamos más. El color en la T.V. estaba llegando hasta ese momento y el primer aparato en mi casa que lo transmitía fue un Zenith, comprado por mi papá para ver a todo color la transmisión de los Oscar de ese año. El control remoto era una opción, los había sin y con ese aparatico, claro que no había problema, con cinco hijos el T.V. obedecía a órdenes verbales y sin chistar (mejor que SIRI, seguro). Ver una película en Betamax, la primera tecnología en llegar a las casas, era un programa especial. Primero, conseguir el permiso con los papas de la casa donde ya lo tenían, luego ponernos de acuerdo con la película y después en grupo ir a alquilarla a Betamax Terrazas, donde Danny, su propietario, que hacía las veces del IMBD de hoy, una completa base de datos de actores, directores y cintas, con comentarios y recomendaciones personales, siempre acertadas.

El mundo era más básico, las comunicaciones eran directas, el teléfono era un servicio costoso y ni pensar en plan ilimitado o algo parecido. Cobraban los impulsos, que creo eran cada tres minutos, y eso lo hacía caro cuando alguno o todos en la casa tenían amigos y amigas que llamar. Lo más cercano a un inalámbrico era un cable de al menos diez metros que nos facilitaba escondernos para hablar sin ser vistos.

¿La vida era mejor antes?, menos complicada quizás, si la miramos desde la ventana de nuestra vida como es hoy, pero todo tiempo tiene su afán, sus buenas y malas cosas. Hoy miramos con nostalgia esos días como usando un filtro color rosa, vemos positivo no depender de la tecnología actual, pero si damos un buen manejo a las herramientas modernas y apreciamos la facilidad con la que nos comunicamos superando cualquier distancia, como la oportunidad de quienes tienen sus hijos o nietos en el exterior de verlos todos los días en vivo y en directo y ¡sin ningún costo!, nos hace revaluar ese dicho popular que nos deja anclados en los años que se fueron y dice que todo tiempo pasado fue mejor, seguro que sí, tenemos buenos recuerdos (y claro que malos también), pero debemos apreciar lo que hoy vivimos, usemos el Facebook, escribamos por el whatsapp, pero no olvidemos lo agradable que es sentarse bajo la sombrilla de una mesa a tomarse un fragante café, a escuchar, y que nos escuche un viejo amigo, antes que no podamos volverlo a ver nunca más. Recordemos la publicidad de una marca de café nacional, "Tomémonos un tinto, seamos amigos", así sea en Starbucks, todo vale, pero eso si, ¡sin hacer cola!. Aunque prefiero un lugar como el de la foto, donde el café es cosechado y vendido por su dueño y nos atiende con agrado (Mercado Campesino de La Mesa de Los Santos).


Sunday, July 6, 2014

La Felicidad


En un mundo digital donde las bibliotecas físicas van quedando en el olvido, lo usual es iniciar una investigación escribiendo la palabra clave en Google. Esta vez decidí preguntar al gurú por la felicidad, esquiva para muchos y la cual perseguimos a lo largo de la vida. Los primeros resultados me llevan a la oferta de una congregación religiosa, un condominio en Bogotá y la noticia de la creación de una calle en La Paz para que "sus habitantes sean más dichosos". Bueno al menos los bolivianos ya encontraron la fórmula para obtener el gozo perpetuo.

El pragmatismo de los estadounidenses los llevó a incluirla como un derecho fundamental, inalienable, en su Declaración de Independencia, con la misma importancia que la vida y la libertad. Algunas veces confundimos la felicidad con la codicia, entonces terminan miles de personas inmersas en un mar de lágrimas al ver que el negocio que creían les iba a garantizar la tan buscada dicha, era una pirámide, como acaba de pasar con Telexfree, que con una “pequeña” inversión inicial y diez minutos diarios en el computador, tenían su vida solucionada, una pirámide de codicia, una forma equivocada de encontrar la felicidad, por supuesto.

Pero, ¿tenemos derecho a la felicidad? Seguro que sí, la vida no es perfecta, tomamos decisiones y algunas pueden parecer equivocadas al verlas desde la perspectiva actual, pero se tomaron y hay que seguir adelante, apreciar lo que hoy tenemos, recordar con cariño los que ya se fueron y estar seguros que hay un mundo entero por descubrir. Dejar que las heridas sanen y agradecer al universo lo que hemos vivido. Afortunadamente, quizás como una forma de supervivencia social, filtramos el pasado y van quedando los buenos momentos, lo que vale la pena conservar. La clave puede estar en nuestra actitud mental, cuanto más calma haya en nuestra mente, mayor será nuestra posibilidad de tener una vida feliz.

Finalmente la risa, el remedio infalible, como decía la sección de chistes de la revista Selecciones del Reader's Digest, es un buen camino para encontrar esa actitud mental que nos lleve a la felicidad, pero claro, no la del comediante norteamericano Groucho Marx, o si, nunca se sabe:


"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…"

Sunday, June 15, 2014

Relatividad


“Cuenta las estrellas del Universo, multiplícalas por el infinito y sabrás cuanto te amo”

Encontré este grafiti en la pared del restaurante de los Badillo en Zapatoca, un buen lugar para degustar la cocina típica santandereana y escuchar la hermosa música colombiana interpretada por los hermanos Quintero Badillo.

Precisamente, a uno de los artistas que más ha contribuido a las canciones de enamorados, el mexicano Agustín Lara, se le atribuyen estas palabras en defensa de tan afectados discursos: “Soy ridículamente cursi y me encanta serlo, porque la mía es una sinceridad que otros rehúyen, ridículamente. Cualquiera que es romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia". Y miren quien lo dice, el creador de bellas canciones como María Bonita, Piensa en mí o Mujer Divina (bueno los nombres de las canciones ya muestran su inclinación), las cuales han grabado cientos de artistas, como en uno de los trabajos más recientes de Natalia LaFourcade, en su álbum Mujer Divina, un homenaje a Lara visto desde una óptica moderna, gran orquestación, acompañada de conocidas voces y unos arreglos que enamoran, por decirlo en palabras más concisas.

Leo con frecuencia El Blog de Matina, monteriana residente en Brasil, y sus narraciones siempre tienen algo que decir, una historia que contar. Las refuerza con comentarios de libros, películas, y canciones, recomendaciones que siempre valen la pena seguir. Precisamente hace unos días publicó una entrada llamada Sensibilidad, donde resalta esa cualidad del alma que nos acompaña a todos, pero que solo algunos permiten que emerja de su ser, mostrándose sin temor a ser acusado de cursi por decir unas bellas palabras, dedicar una canción de Lara o decirle a quien se ama, como bien lo expresa Benedetti:



“si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos”

Todo es relativo, no solo en la ciencia como lo dice Einstein, hasta el comportamiento humano lo es y por esto debemos evitar los prejuicios y las acusaciones sin fundamento. Cursis, pueden parecerle estas palabras a aquel personaje en “La canción de la abuela” de Piero, ese tipo que nunca se reía y al final, como dice la letra “lo internaron hace quince días”; seguro que no fue por una gripe. Sublimes, dirá quien está enamorado de la vida. Relatividad, eso es todo.

Saturday, June 7, 2014

Buddy


¡Vamos! Parece decir este labrador en la playa de Palomino, sobre el mar caribe de La Guajira. Esta foto la tomé a las 5:42 a.m. y hacia parte de un gran grupo de canes que caminaban por la playa vagabundeando, quizás buscando algún preciado tesoro que comer o simplemente dándose un paseíto, ¿por qué no?

Dicen que los perros son el mejor amigo del hombre, lo han dicho todos, pero no lo creo. ¿No es mejor acaso, un buen hombre o mujer con quien conversar, a quien escuchar o que nos escuche? Ayer lo sentí nuevamente, un grupo de buenos amigos acompañando a uno de ellos en su presentación artística, celebrando, disfrutando de bellos momentos que solo se obtienen cuando el afecto es sincero, sin más interés que el de estar ahí, caminando juntos. También lo pude apreciar muy bien, con la reciente muerte de mi papá, y las visitas de sus amigos de la niñez, de hace 70 años o más (tenía 80 al morir), o de otros más recientes que se sentaban a escuchar sus tesis sobre la violencia en algunos libros del antiguo testamento. Todo esto me confirma que el mejor amigo del hombre no es el perro, es aquel que permanece cerca a través de los años, que acompaña en los logros y en las desdichas, el que no juzga sin argumentos. Anoche vi la muerte cerca, no la “muerte muerte” tranquilos, se trataba de una actriz representando a La Catrina, la de los mexicanos, pero también vi a un buen grupo de amigos muy unidos y pensé que así la muerte debe ser linda, como la artista que la representó con tanta gracia. 

Monday, June 2, 2014

Juliette


Se aprenden cosas en el lugar menos pensado, como en este puesto de jugos y frutas frente al mar caribe de La Guajira donde estuve pasando unos días de descanso. Juliette, la morena que alegremente atiende los clientes en el día, se lamenta por vivir alejada a menos de dos kilómetros de la inmensidad del mar que la rodea en su trabajo. Se siente ahogada al llegar a su casa donde solo ve frente a ella la de su vecino. No quisiera pensar cómo se sentiría al vivir en un veinteavo piso de un apartamento en la ciudad, donde al igual que en su pueblo solo se ven edificios al salir al balcón, si es que lo tiene. Esto me recuerda una historia que hace unos años circulo en Internet y hablaba de la poca ambición que tenía un pescador que con solo unos minutos al día pescaba lo necesario para su familia. Un turista emprendedor trata de entusiasmarlo con la idea de asociarse y crear una gran empresa de pesca para ganar mucho dinero y así poder retirarse en su vejez a vivir tranquilo en esa playa; obviamente al pescador le pareció una propuesta sin sentido, si ya vivía así ¿por qué razón habría de sacrificar su tranquilidad de esa forma? El progreso, supongo que es la respuesta. ¿Codicia?, podría ser también; como le dice el doctor Parmentier a Valmorain en el libro La isla bajo el mar, de Isabel Allende, al referirse a la supuesta superioridad de los blancos frente a los negros africanos, "Le concedo que en un aspecto la raza blanca es superior: somos más agresivos y codiciosos. Eso explica nuestro poderío y la extensión de nuestros imperios."
Vale la pena leer el libro de esta gran autora chilena, entender el violento origen de Haití, el motivo de su atraso y pobre economía. La codicia y la agresividad de la civilización occidental que arrasó con los nativos, sembró dolor y odio en los africanos esclavizados y todas sus generaciones. Todo esto, como siempre, en nombre del progreso, el mismo argumento que hoy esgrimen las empresas mineras en nuestro país para justificar los irreversibles daños ambientales que están causando actualmente.

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